Se esconde entre las sombras
como un fugitivo de la noche.
Busca consuelo en el dolor,
se aleja de su realidad.
Y no piensa en su alma.
Juega con los corazones
sin pensar en sus víctimas,
se divierte agotando el amor,
subcionando la paz,
y no piensa en su alma.
Viaja de corazón en corazón
dañándolos, destrozándolos
para así curar el suyo.
Pero su corazón ya no late.
Y no piensa en su alma.
El amor es su alimento,
pero al rozarle, tan sólo al rozarle...
se convierte en amargo dolor.
El ya sólo puede sentir ese dolor.
Y no piensa en su alma.
Ahora mira hacia atrás
y ve el rastro que dejó,
ve la sangre brotar
y las lágrimas caer.
Y no tiene alma.
No tiene cuerpo, es un fantasma.
No existe.